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¿Cómo mirar a nuestros hijos?

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El transportista le preguntó:

— ¿No se acuerda de mí? 

 Monick lo miró fijamente y rebuscó imágenes en su memoria. No era una cara desconocida, pero tuvo que disculparse; no conseguía reconocerle. Él entonces preguntó: 

  — ¿Usted suele repartir café y bocadillos por la calle con otras chicas, verdad?

Efectivamente, era así. En Suecia, como es bien sabido, llega a hacer muchísimo frío en invierno y las residentes de Ateneum quisieron organizar una actividad de voluntariado para repartir bollos con café a los «sintecho». Antes de salir, Monick explicó a las chicas que la comida que iban a distribuir no era lo más importante. Lo crucial sería cada una de las personas a la que se acercaran. 

   —Tenemos que mirarlos a los ojos y hacerles sentir que son una persona —les dijo. Y abundó—: A nadie le gusta sentarse en la calle a pedir limosna, no sabemos las historias que hay detrás, y lo más seguro es que nosotras no arreglemos o solucionemos esas vidas, pero sí podemos lograr que por lo menos durante un par de minutos sientan que valen, que son importantes para alguien.

Ese hombre le dijo que una vez él había estado en la calle, sentado, pidiendo limosna y ella se había acercado a ofrecerle un bocadillo y bebida caliente. Le había mirado y preguntado su nombre. Ese pequeño gesto fue para él un detonante: por primera vez alguien se paraba y no pasaba de largo, ignorándolo.

Entonces recordó que él era alguien y que podía proponerse mejorar. En ese mismo momento decidió cambiar… (I. Sánchez. Mujeres brújula.2020)

Mirar, ver, contemplar. Hay infinidad de modos de ver, pero es necesario aprender a mirar, mirar con los ojos y mirar con el corazón. En las exposiciones de fotografía uno puede extasiarse en cada imagen pero siempre llaman la atención las fotos que reflejan una mirada de niño, y a posta digo una porque cada mirada es diferente. 

En un mismo entorno hay miradas de niños tristes y miradas alegres, miradas esperanzadas y miradas de niño-adulto envejecido. Miradas que despiertan sentimientos de misericordia o sentimientos de miedo. Miedo a todo ese horror reflejado en unos ojos infantiles que han visto demasiado horror, y uno intuye que ese horror degenerará en odio que destruirá a ese ser, que a su vez destruirá a otros, y a otros, en una desesperación al alza.

Cambiará la debacle solo si en su camino se encuentra con una mirada nueva. Pero no una mirada de compasión, de lástima que le dejará con sus mismos posos de rabia, sino una mirada de esperanza, de confianza, de optimismo. Una mirada nueva que le mire como a un ser humano lleno de posibilidades, que saldrán adelante si le dan las herramientas para desarrollarlas.

Nadie tiene el derecho de decir ni con la mirada: no sirves, no vales, eres diferente, eres inferior.  

Nadie tiene el derecho de considerarse superior porque todo le ha sido dado y es deudor de todo hacia los demás. 

Desviar la mirada de lo que no nos gusta ver es una cobardía. Mirar es ya un cierto modo de aceptar, aunque a veces una persona en una situación concreta no nos guste. También con la mirada podemos decir que no estamos de acuerdo y no es necesario clavar los ojos levantado la cabeza, señal cierta de creerse superior. Todo por amor y con amor. Esa es la única manera de enfocar la corrección con positividad. 

Con el ser humano también aprendemos a admirarnos de la maravilla que es toda la naturaleza y de los ojos capaces de verla y contemplarla. 

Esa es una posibilidad de felicidad nueva cuando sabemos compartirla.

La experiencia muestra que el ser humano es un sobreabundante de vida; tiene un infinito en su corazón y por eso puede gozarse y celebrar compartiendo su riqueza. Su estado natural parece ser la fiesta, la alegría, el gozo. La felicidad que más le calza no es el bienestar individualista, sino el derroche de dones, el gozo multiplicado por el goce de los demás; el disfrute del pleno desinterés: la contemplación compartida de la belleza.

 (Mujeres Brújula para un bosque de retos. I. Sánchez)

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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