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La cena más cara de la historia. ¿Eso es amor?

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Cuenta el historiador Plinio que Cleopatra ofreció a Marco Antonio y a sus oficiales una cena donde se sirvieron los más refinados y exóticos  manjares, todo ello en bandejas de oro, cubiertos de oro, copas de oro, divanes de oro  y le apostó a Marco Antonio que le ofrecía el más caro festín que nunca hubiera habido, pues costaría diez millones de sestercios.  

Cleopatra al final  le recordó que le acababa de invitar  a la cena más cara de la historia a lo que Marco Antonio le respondió que aunque era cierto que todo había estado de lo más impresionante, tampoco era como para decir tanto.

Llevaba Cleopatra puestas unas perlas famosas por su tamaño, belleza y precio. Pidió una copa de vinagre, introdujo una perla, que lógicamente se disolvió y ante la mirada atónita de los invitados se la bebió.

Iba a hacer lo mismo con una segunda perla cuando Marco Antonio la detuvo y le reconoció que era  ciertamente la cena más costosa y rica de la historia.

Marco Antonio y Cleopatra llegaron a amarse en un juego de política y traiciones que difícilmente puede llamarse amor.

En este juego tuvieron su papel los regalos, incluso la cena más cara de la historia, sin embargo en ese dar y recibir se lee un intercambio de egoísmos no de amores.

Lo propio del amor es salir de uno mismo con gratuidad, generosidad, por el placer de dar.

En lo pequeño, en lo menudo.

Gustave escribió: “el secreto de la perfección está en hacer las cosas pequeñas con el amor más grande”.

El amor, la armonía son esenciales en una relación pero a veces hay que crearlo y a veces mantenerlo.

Ahí entra el detalle del regalo que es siempre una manifestación de que se está pensando en el otro. Manifestación de agradecimiento con la búsqueda de algo: hacerle feliz.

 De poco sirve dar vueltas a si le ha gustado, no le ha gustado, qué habrá pensado…Busca el qué he pretendido yo al elegir eso y ya se encargará el otro de poner buena cara…porque también valorará el esfuerzo que te ha costado. Y no solamente el  que sea la pieza más cara de la tienda.

Recibir un regalo es algo único y que sea lo más caro no garantiza el éxito, lo que importa es la intención. El regalo en sí es lo que importa.

Un regalo bien pensado no se hace por seguir la costumbre o impulsado por el consumismo o para quedar bien. Es algo que se ha elegido para alguien que te importa y a quien le importas. Alguien de quién conoces los gustos y su color preferido pero con quién siempre arriesgas porque nunca acabamos de conocer una persona, ser cambiante por definición. 

La cena más cara de la historia. ¿Eso es amor?

No pasa nada si uno se equivoca en un dar un regalo, nunca se equivoca al recibirlo. De lo contrario acabaríamos comprándonos nuestros propios regalos para que nadie se equivoque, es decir nos meteríamos en el reino del egoísmo y como dijo Elisabeth Dunn, “cuando usas tu dinero para comprarte cosas para ti, dejas la felicidad encima de la mesa”

Madurar es también un “savoir faire”, un saber estar, saber poner buena cara, apreciar qué hay detrás de ese regalo, saber interpretar los sentimientos ajenos y no ver  malicia o dejadez o falsedad en algo que quizá no es más que un desconocimiento de nuestros gustos porque no nos damos a conocer lo suficiente.

A lo largo de la vida  cambiamos de gustos, de ilusiones, de proyectos. No vivimos de lo que fuimos por lo que tampoco podemos pretender que nos conozcan si no lo manifestamos. 

En “El hombre eterno” Chesterton dice: “Las cosas muertas pueden ser arrastradas por la corriente, solo lo vivo puede ir a contracorriente”.

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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