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Amor «Zombie»: ¿Cómo revivir el amor en el Matrimonio?

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La rutina es una palabra desprestigiada hoy día. Menudo aburrimiento, una vida de rutina, cada día igual al anterior, rutinas absurdamente claustrofóbicas. La rutina me mata.
Craso error. La rutina es el cañamazo donde se borda una obra de arte, donde se borda la fidelidad, el amor y el compromiso.


La vida de una familia empieza en un marco que construye la pareja antes del matrimonio, un marco que encuadrará una vida, una obra de arte hecha de trazos discontinuos donde todos los colores del arco iris tendrán cabida y serán imprescindibles. Todos dirigidos por
una sana rutina que empezó por la cursilada de una rosa… ¿o no tan cursilada?


Hay rutinas que merece la pena crear y establecer como base.
Lo que suele destrozar una relación no es la rutina, son las prisas y la impaciencia, el no saber saborear los momentos distintos fusionados con un aparente “más de lo mismo”.

Dice Ll. Moix: ”En una sociedad acelerada, como es la nuestra, la impaciencia halla un excelente caldo de cultivo. Lo cual suele ser una mala noticia. Porque la impaciencia lleva fácilmente a la precipitación. La precipitación conduce a menudo al error. Y el error nos puede acercar al batacazo, seguido, si no ha sido mortal, del
consiguiente periodo de recuperación. En otras palabras, nos acerca al fracaso. Ya lo decía Chesterton, rey del aforismo paradójico: el inconveniente de la prisa es que se nos lleva demasiado tiempo.”
Los deportistas saben bien que la rutina forma parte del éxito. Crea una serie de hábitos para los que no hay que reflexionar, se hacen sin pensar, sin esfuerzo. Sobre ellos se crea lo sublime.


Si solo se funciona con la rutina se es una mediocridad. Una persona puede tocar el piano admirablemente pero puede que todo sea pura técnica. Sin alma. La rutina positiva da seguridad porque engendra un ambiente de paz, confianza y estabilidad.


Cada uno tiene sus rutinas propias aunque algunas sean comunes, y muchas veces habrá que poner las cartas sobre la mesa y dejarse al descubierto aunque humille, para poder decidir caminos nuevos que vuelvan a hacer brillar la pequeña chispa origen de un fuego nuevo.
Las sensaciones pueden ser a veces espejismos. Se puede confundir el sentirse aburrido o distanciado, con sensación de distanciamiento, de frialdad o soledad con la falta de amor.


El amor no se muere, se mata. Tampoco vive de la inercia. El amor es un ser vivo y como el propio cuerpo si no se le alimenta, abriga y cuida, enferma. Corren aires fríos por el mundo. No hay que descuidarse. Tomar la iniciativa de proponer saltarse la rutina con una invitación a salir o preguntando cómo ha ido el día, o simplemente decir “te quiero” o recuperar detalles personales dejados de lado siempre es un riesgo. Quizá no ha sido el momento
oportuno puede que por la misma sorpresa. No pasa nada, a la próxima saldrá bien.


Como en los deportistas la vida es un reto. Quizá se cae en la mala rutina por estar emboscados en los propios problemas, uno junto a otro pero cada uno en su mundo, con la prisa por dentro y por fuera sin saber disfrutar de los momentos mágicos que también existen.

“Ella se escurre entre él y las baldas. Abre la puerta y la luz de fuera es blanca, cegadora, desbordante. Cierra de golpe al salir y él se queda solo, con el halcón, con las manzanas, con el olor a madera y a otoño y el olor seco, a plumas y carne, del ave.”
(Hamnet. Maggie O’Farrell)

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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