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El valor del optimismo

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“…de mí solo puedes aprender una cosa, que surge de lo que hoy hago. Conócete. La gente que, como yo, nace sin esperanza, tiende a ver las cosas a corto plazo, sin pensar en lo que vendrá después, contenta con superar cada pequeño bache, aunque al hacerlo cree otro mayor. Al final, para esa gente solo hay baches y se vuelven infranqueables. Tú tienes esperanza, así que mira lejos, igual que te decía cuando aprendías a caminar por el jardín de San Rafael. Aunque tu paso sea titubeante, aunque te caigas a menudo, levántate y mira lejos, porque tú sí tienes futuro.” (R.Tarradas: El valle de los Arcángeles.)

Oímos la palabra optimismo y posiblemente nos venga a la cabeza el típico ejemplar humano que ante la mayor desgracia se queda con una sonrisa absurda que repele al interesado, que no desea palmaditas en la espalda, simplemente agradece un acompañamiento en silencio.

El optimista requiere realismo porque quiere afrontar la realidad y piensa que puede superarla ya que confía en sí mismo, cree que puede con la adversidad. Parte de aquello que llama tribulación es cierto, no lo inventa, no lo imagina, no lo teme como algo que no ha sucedido. Es el hoy y ahora. A eso puedo enfrentarme, como una oportunidad para poner en acto mi potencial, mi experiencia, mis teorías y mis capacidades.

W.G. Ward decía que el pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas.

El optimismo está muy ligado a la esperanza, que a su vez es engendrada por los proyectos, que se alcanzan paso a paso en el hoy y en el ahora. Nada se supera o se alcanza en bloque, todo está hecho de cosas pequeñas. El pesimismo se apoya en excusas, es síntoma de pereza y debilidad. Quizá sea cierto que se es débil, pero la fortaleza se puede adquirir precisamente afrontando la adversidad, dejándose ayudar que no es cargar a otro con las propias responsabilidades, más bien siguiendo las indicaciones del camino que otros han andado.

Tenemos mucha luz alrededor, aunque a veces nos puede parecer que todo son oscuridades, simplemente tenemos los ojos cerrados o se nos ha olvidado quitarnos las gafas de sol. Abrir los ojos es buscar soluciones y también aprender a ver que toda situación como toda moneda, tiene haz y envés, puede tener su lado bueno y si uno mismo está ofuscado, tener la prudencia de esperar. Como dicen los montañeros cuando ven venir una tempestad: Acampar y esperar que pase.

Mirar hacia arriba, hacia la posible solución y poner los medios para alcanzarla. Si vamos en bicicleta y sólo miramos el manillar no llegaremos muy lejos. Todo el mundo tiene futuro, nadie debería caer en un agujero del que piense que no puede salir.

Pero el mundo es cruel muchas veces, pero no siempre y eso debe llevar a no descaminarse a buscar la felicidad donde está y no en la imaginación y en el engaño destructivo. Un optimismo mal llevado sería el que cree que el veneno no le hará daño. El veneno mata y muchas actitudes aconsejadas por quienes sacan provecho de ello, destrozan la personalidad y la capacidad de reacción ante el mal propio o ajeno.

“A la mañana siguiente, Paul embridó el caballo y fuimos en carreta al pueblo a comprar un anillo. En el expositor de la joyería brillaban montones de alianzas; seguramente habían pertenecido a personas que, desesperadas, las habían vendido por cuatro francos. 

—¿No da mala suerte? —le pregunté a Paul mientras me ponía una en el dedo. 

—Un matrimonio feliz no depende de la suerte, sino de las intenciones —dijo el joyero. 

El anillo de oro me encajaba a la perfección. Durante siete días casi no pude dejar de sonreír.”     

(La biblioteca de París. Janet Skeslien Charles.)

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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