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¿Cómo es el amor de la madre y el padre?

Amor de madre vs amor de padre

Una pregunta diferente a la que estamos acostumbrados ¿Cómo es el amor de la madre y el padre? ¿Existe alguna diferencia o es igual?

Los niños apenas nacidos, comienzan a recibir como don, junto a la comida y a los cuidados, la confirmación de las cualidades espirituales del amor.

Los actos de amor pasan a través del don del nombre personal, el lenguaje compartido, las intenciones de las miradas, las iluminaciones de las sonrisas. Aprenden así que la belleza del vínculo entre los seres humanos apunta a nuestra alma, busca nuestra libertad, acepta la diversidad del otro, lo reconoce y lo respeta como interlocutor.

Todo niño tiene derecho a recibir el amor de una madre y de un padre, ambos necesarios para su maduración íntegra y armoniosa. Ambos contribuyen, de manera distinta, a la crianza de un niño. Respetar la dignidad de un niño significa afirmar su necesidad y derecho natural a una madre y a un padre.

No se trata solo del amor del padre y de la madre por separado sino también del amor entre ellos, percibido como fuente de la propia existencia, como nido que acoge y como fundamento de la familia. De otro modo, el hijo parece reducirse a una posesión caprichosa.

Ambos, hombre y mujer, padre y madre, son cooperadores del amor del Padre y en cierta manera sus intérpretes. Además, ellos juntos enseñan el valor de la reciprocidad, del encuentro entre diferentes, donde cada uno aporta su propia identidad y sabe también recibir del otro. Si por alguna razón inevitable falta uno de los dos, es importante buscar algún modo de compensarlo, para favorecer la adecuada maduración del hijo.

La realidad es que la mujer está ante el hombre como madre, sujeto de la nueva vida humana que se concibe y se desarrolla en ella, y de ella nace al mundo. El debilitamiento de la presencia materna con sus cualidades femeninas es un riesgo grave para nuestra tierra, el feminismo es bueno cuando no pretende la uniformidad ni la negación de la maternidad. Porque la grandeza de la mujer implica todos los derechos que emanan de su genio femenino indispensable para la sociedad.

Las madres son el antídoto más fuerte ante la difusión del individualismo egoísta. Son ellas quienes testimonian la belleza de la vida. Sin duda, una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral. Las madres transmiten también el sentido más profundo de las primeras oraciones, en los primeros gestos de devoción que aprende el niño. Sin las madres, no solo no habría nuevos fieles, sino que la fe perdería buena parte de su calor sencillo y profundo.

La madre que ampara al niño con su ternura y su compasión, le ayuda a despertar la confianza, a experimentar que el mundo es un lugar bueno que lo recibe y esto permite desarrollar una autoestima que favorece la capacidad de intimidad y empatía.

La figura paterna, por otra parte, ayuda a percibir los límites de la realidad, y se caracteriza más por la orientación, por la salida hacia el mundo más amplio y desafiante, por la invitación al esfuerzo y a la lucha. Un padre con una clara y feliz identidad masculina, que a su vez combine en su trato con la mujer el afecto y la protección, es tan necesario como los cuidados maternos.

Hay roles y tareas flexibles, que se adaptan a las circunstancias concretas de cada familia, pero la presencia clara y bien definida de las dos figuras, femenina y masculina, crea el ámbito más adecuado para la maduración del niño.

El padre en la familia con sus características valiosas de su masculinidad, así como su cercanía a la esposa, para compartir todo, alegrías, dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino; padre presente siempre. Decir presente no es lo mismo que decir controlador porque los padres demasiado controladores anulan a los hijos.

En resumen…

¿Cómo es el amor de la madre y el padre?

  • El hombre y la mujer tienen diferentes roles, pero en algunos casos esto puede ser flexible.
  • La presencia de ambas figuras, femenina y masculina es el ambiente más adecuado para el crecimiento y la maduración del niño.
  • La madre ampara al niño con ternura, le enseña las primeras oraciones y les permite desarrollar su autoestima y empatía.
  • El padre es es sinónimo de protección, ayuda a percibir los límites de la realidad y es ejemplo también de esfuerzo y lucha por su comportamiento ante su familia.

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