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¿Los hijos son un don o una tarea?

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Nacemos hijos, qué duda cabe. Un niño es muy poca cosa por sus capacidades. Cero capacidades. Pero es un tesoro, una alegría, un ser humano. Concebido en un acto de entrega, realizado y esperado durante meses, bañado de amor y dolor, sostenido en la vida por una madre que le da a luz y un padre que los protege a los dos, el niño es más que un niño: es un hijo.

  Ese hijo puede ser recibido con amor o con rechazo o con sorpresa. Pero cuando se tiene en las manos, las emociones pueden cambiar y ya no se recuerdan las sombras.

  Un hijo es un don, como lo  es la fruta que la primavera nos ofrece a modo de flor de esperanza y acaba en la madurez de un fruto jugoso en verano.

  Todos los hijos deberían ser el fruto de un acto de entrega amorosa en el matrimonio y ser acogido por amor y en el amor.

  Cuando se dan estas circunstancias los padres van madurando, se van haciendo mejores personas porque el yo va pasando a segundo término y  reviven los valores que sembraron  en ellos sus educadores y esperaban las mejores circunstancias para crecer.

  La responsabilidad es tierra fértil  para crecer en fortaleza, en optimismo, y sobre todo en capacidad de amar más y más. También salen a flote, ante unos hijos en crecimiento, las posibilidades para resolver problemas  que antes no se sabía ni que se tuvieran.

  Una persona sin familia, sin hijos casada solo con su trabajo, evitando problemas acaba por  tenerlos más graves, si cabe, por ver como enormes, cositas de nada, niñerías sin enjundia alguna. Se empequeñece.

  Por eso los hijos son de una riqueza inconmensurable en cuanto al crecimiento personal de sus padres pero sobre todo porque cada uno es único, irrepetible y  está por hacer: Un grito mudo de petición de ayuda: “Aquí estoy ¿qué vas a hacer conmigo? ¿Qué quieres que sea? ¿Cómo quieres que sea?

  Una llamada a soñarlos…que después se queda en un sueño porqué la realidad supera la ficción, y cada hijo es libre y ya se encargan los padres de educarlos en la libertad.

  La libertad, ¡Ah la libertad! A la hora de formar a los hijos muchos padres se confunden por pensar que la madre naturaleza los llevará por buen camino si les dejan hacer lo que quieran…pero si los árboles no se enderezan de pequeños con un buen rodrigón acaban por los suelos. El ser humano puede y debe corregir lo que se tuerce. ¿Cómo pueden pretender que un hijo conduzca sin enseñarle las señales  de circulación?

  Los caminos de la vida pueden ser acertados o no. Es tarea de los padres, de los dos, con su ejemplo y con su palabra mostrar qué sendas llevan al precipicio y cuáles llevan a la plenitud del ser y por lo tanto a la felicidad. Solo si saben pueden ser libres.

  Bonita escena la de un padre o una madre contando un cuento a su niño…Y cuánto se puede enseñar a través de un cuento, una historia, una fábula, todo sirve.

  Cuando se tienen hijos el aburrimiento no existe, pero el cansancio sí. Qué le vamos a hacer, somos humanos. Pero es un cansancio sano, no es un cansancio inventado fruto del egoísmo baldío y absurdo que llega después de una vida dedicada a mirarse el propio ombligo creyendo que es el centro del mundo.

  Los hijos son una perpetua sorpresa. Con ellos pasa que casi nunca las cosas salen según lo previsto. Eso también puede ser divertido.

  Otras veces la sorpresa no parece divertida porque no lo es. Momentos duros que vienen cuando menos se esperan y que también traen sus pinceladas positivas aunque a veces no se vean las sombrías porque están demasiado cerca. Aceptar y esperar y que las circunstancias adversas enrecien el amor. El amor siempre sale ganando.

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Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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