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Hijos fuertes y seguros

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Homero nos cuenta en La Odisea el viaje de regreso de Ulises a su tierra Ítaca. La guerra de Troya ha terminado y Ulises, el héroe, vuelve a su hogar con sus compañeros. Han pasado años… Las aventuras de las que siempre sale victorioso se suceden y retrasan la llegada al hogar.


Ulises es muy inteligente, piensa las cosas, es fuerte pero mide sus fuerzas, es sabio. Atraviesan el mar Egeo y les advierten del gran peligro de las sirenas, esos seres míticos, bellísimos con voces maravillosas que atraen a los navegantes. Los que escuchan su voz se vuelven locos y perecen ahogados o victimas de sus maleficios.

Pero Ulises que se sabe fuerte y además tiene una gran curiosidad quiere oír a las sirenas aunque nadie ha vuelto para contarlo. Pero también se sabe débil ante lo misterioso y él quiere volver para contarlo así que ordena a la tripulación que se tapen los oídos con cera y que a él lo encadenen al mástil y no lo suelten por mucho que se lo pida con gritos, por señas o amenazas.


Que fue lo que hizo, enloquecido de deseo. Sólo su precaución de ensordecer a la tripulación los salvó a todos. Un largo viaje el de Ulises, tan largo y lleno de aventuras como el de cualquier niño. El camino de la vida estará lleno de dificultades que habrá de sortear y vencer con su inteligencia, su voluntad y su capacidad de sacrificio.


Los padres saben más aunque sea por más “viejos”. Es difícil de entender que con su actitud dejen que los niños crean que lo saben todo, incluso más que sus padres. Los padres están para enseñar, para dirigir, para prevenir y para sanar y acoger si hace falta. Pero saben más que sus hijos. Duele ver complejos de inferioridad de adultos ante seres en formación que quizá sepan un poco más de informática que ellos, pero poco más.


Sobra soberbia y hace falta más humildad. Los hijos tienen una carencia absoluta de sabiduría y no saben dónde está el bien y el mal. Y esto se aprende en el día a día con el ejemplo de sus padres y también con sus consejos.


Allá ellos si no hacen caso y se estampan. Es su problema. No hace falta decirles el consabido “ya te decía yo”, que ellos lo saben muy bien. La experiencia es buena maestra. Claro que los padres quieren que sus hijos sean fuertes y hacen bien porque la fortaleza es tan necesaria para acometer cosas difíciles y concretas como para aguantar las pequeñas y obstinadamente molestas. Hay infinidad de ocasiones de ayudar a un hijo a crecer en fortaleza y que no lo confunda en que debe ser un Superman, aunque pueda disfrazarse o ponerse su camiseta. También a partir
de la imaginación se le pueden dar alas, hay que agarrarse a lo que venga más a mano. Todo vale en el primer período de formación humana para enseñar dónde habitan los valores.


Lejos de nosotros pensar que los niños no tienen problemas, los tienen y grandes a su medida. De cómo los afronten de pequeños, sabrán hacerlo de mayores. Qué duda cabe que el que su hermano le haya ensuciado su trabajo, aunque haya sido sin querer, es un problema y un disgusto que le puede engendrar ira, rabia, deseo de venganza. Cada uno reaccionará como pueda. Unos son primarios otros tardan más. Ahí está el papel del educador, con sensibilidad, con sentido de la justicia primero y después enfocar con la caridad.

Todo ser humano tiene capacidades innatas a veces escondidas. Al descubrírselas se le anima a ser positivos, optimistas a optar por lo mejor para él en la resolución de problemas.

Potenciar las fortalezas. Es más fuerte el que perdona que el que se venga. Y además
proporciona mucha más felicidad. “Eres un héroe, te has vencido a ti mismo”. Aunque el «yo» siga protestando por dentro… Enseñar caminos de generosidad por los que discurran como cuando aprenden a ir en bici, primero con ayuda, que agradecen, y luego viene el ¡“dejadme solo”!

Hay personas, que cuanto más haces por ellos, menos harán por ellos mismos”

Jane Austen

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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