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Lenguajes del amor: cómo expresarlo

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Saber idiomas es muy importante sobre todo si se quiere viajar, pero al visitar un lugar distinto al propio hay que aprender, además del idioma muchas más cosas. Uno no puede ir a Sevilla en plena floración de los naranjos y exclamar “¿Qué es esa peste?”, por el olor a azahar. Quizá se pueda tener el olfato atrofiado e inefablemente ineducado, pero hay que evitar caer en el ridículo, que puede ser además una ofensa para los amantes de los naranjos
en flor. El ser humano es un ser complejo capaz de muchísimas cosas, y entre ellas la más maravillosa, inescrutable, misteriosa y siempre sorprendente, es la capacidad de amar y ser amado.


El amor que es enardecedor especialmente en sus principios y corre el peligro de perderse en los vericuetos del día a día. Se puede pasar de los extremismos del amor romántico explosivo en sus manifestaciones de emoción inolvidable a la decepción resentida, también inolvidable.


La poesía, la narrativa, el cine pasan de largo los términos medios, los largos períodos sin grandes conmociones que se dan en cualquier relación amorosa, que por definición son un
trayecto de madurez que hay que aprender a recorrer.

Antes de llegar a su plenitud el lenguaje del amor va manifestando emociones interesantes que producen satisfacción y van dando sentido a la vida. Se saborean las pequeñas pausas de serenidad, y se aprecian rasgos en el otro que pasaban desapercibidos y llevan a la admiración, a la gratitud, al enamoramiento nuevo y generoso. Ese aprender a querer con hechos y no solo palabras.
Simplificando: No es un mero paso de mariposas en el estómago, a agarres fogosos y a un cuchillo entre costillas.
En la base de una buena relación está el que cada uno se sepa aceptado y valorado. Si se sabe lo positivo de cada persona nunca se llega al desprecio y al abandono. Sembrar la vida de delicadeza, de respeto, en todas las formas de amar.


Tchiki Davis, fundadora del Berkeley Well-Being Institute, anima a vivir con los pies en la tierra pues las expectativas desorbitadas nos transportan a un mundo de fantasía muy rico en frustraciones.
Estas expectativas, nos dice Davis, se absorben desde la juventud especialmente a través de las comedias románticas. Los adultos cuentan con la experiencia para discernir mejor lo que hay de ficción y de realidad en esas películas. Pero los jóvenes, desprovistos de esa experiencia, tienden a hacerse una idea equivocada de lo que cabe esperar de un proyecto de vida en común: claro que el romanticismo, la intimidad y la pasión son importantes, pero también “la aceptación, la honestidad y el compromiso”.

Las manifestaciones del amor copiadas de la pantalla se idealizan y casi siempre conducen a la decepción de la realidad. Para esos “idealistas” la culpa de que las cosas no salgan bien es por supuesto del otro, que no sabe intuir sus necesidades o está cargado de ignorancia, o no sabe satisfacerle como quiere.
Todo debe empezar por aprender qué es el amor que es sentimiento, emoción, compromiso y hay muchas maneras de expresarlo a quien se quiere y también modos distintos de recibirlo.
Resulta fácil si conocemos bien a quien amamos, con sus pros y sus contras y nuestro objetivo es que sea feliz aún a costa de nuestro capricho o el berrinche de “ado” de nuestro “yo”.

Davis invita a separar los gustos de las necesidades. También para saber qué podemos pedir de forma realista.

“Una necesidad es algo que te satisface a un nivel profundo. Si no se satisface, afecta de forma profunda a la calidad de vida. Por ejemplo, quizá no necesitas que tu pareja te compre flores, pero necesitas sentirte sorprendido de vez en cuando. O tal vez no necesitas que tu pareja adivine lo que quieres, pero necesitas sentirte escuchado cuando dices lo que quieres”.

Amor no sigue la fugaz corriente de la edad, que deshace los colores de los floridos labios y mejillas. Eres eterno, Amor: si esto desmiente mi vida, no he sentido tus ardores, ni supe comprender tus maravillas.
 William Shakespeare

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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