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Identidad personal

En la inolvidable novela de Walter Tevis, “Gambito de dama” sobre la vida de Beth Harmon casi en su comienzo se narra cómo su protagonista entra en contacto con lo que marcaría su biografía.

Ella lo miró a la cara. Había algo en este hombre y en la firmeza con la que jugaba a este misterioso juego que la ayudó a aferrarse a lo que quería.
…—. Quiero saber a qué está jugando.
Él la miró con más atención. Luego se encogió de hombros. —Se llama ajedrez.
—Quiero aprender a jugar al ajedrez.
…—No juego con desconocidos.
…—Puede usted enseñarme. Ya sé algo, de mirar.
—Las niñas no juegan al ajedrez —la voz del señor Shaibel no mostraba ninguna emoción.
Ella hizo acopio de valor …
…—Esta se mueve de arriba abajo y adelante y atrás. Todo recto, si hay espacio para moverse.
El señor Shaibel guardó silencio durante un rato. Luego señaló la pieza que parecía tener un
limón cortado encima.
—¿Y esta?
El corazón le dio un brinco.
—En diagonal.

De ahí parte lo que será la meta de su vida, todas sus capacidades puestas al servicio de una afición que será su modus vivendi, la fuente de sus triunfos y sus frustraciones internas como persona. A los 19 años llega a la cima en sus enfrentamientos ajedrecísticos, con el campeón ruso:

—Ha ganado. (le dijo a Beth).
Echó atrás la silla, se levantó, y entonces extendió la mano y tomó su rey. En vez de volcarlo se lo tendió. Ella lo miró.
—Tómelo —dijo.
Empezaron los aplausos. Ella agarró el rey negro y se volvió a mirar al auditorio, dejando que el enorme peso de la ovación la cubriera. La gente del público estaba puesta en pie, aplaudiendo más y más fuerte. Ella recibió los aplausos con todo su cuerpo, sintiendo que sus mejillas enrojecían y luego las notó calientes y húmedas a medida que el estruendoso sonido la envolvía. Y entonces Vasili Borgov se colocó a su lado, y un momento más tarde, para su completo asombro, la envolvió en un cálido abrazo.

Sorprende la ausencia de alegría y la añoranza de cariño en toda la novela reflejo de cualquier vida de tanto interés. Una vida en la que se realizan todos los sueños de éxito y dinero, pero con abundancia de soledad y ausencia de amor.
Muy pronto los niños saben qué quieren ser de mayores, suele variar desde bomberos a cirujanos…Hay de todo y todo vale. Todos deberíamos tener metas en la vida, metas viables por caminos sencillos o no tan sencillos. Se puede optar por lo fácil o lo arriesgado, es válido si nos aleja del aburrimiento y la insensatez y nos empuja la luchar, con una proyección de servicio.
El aburrimiento que se engendra a veces en la rutina no está implícito en ella. El aburrimiento viene del cansancio y de la falta de imaginación para espantar la pereza.
Si se elige el riesgo hay que contar a quién arrastraremos si hay una caída. El ser un poco previsor no es ser menos divertido.

En busca de la identidad personal hay que optar por elegir lo que nos ilusiona y escuchar más voces que los que nos marca la apetencia. La propia identidad se descubre y se realiza a lo largo de toda una vida. Es algo interno, muy nuestro: una obra de arte de madurez. Entonces seremos capaces de darle la vuelta a los fracasos, ver lo positivo y reírnos con esperanza.

La madurez comienza a manifestarse cuando sentimos que nuestra preocupación es mayor por los demás que por nosotros mismos. (Albert Einstein).

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