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¿Cómo hablar con los hijos sobre la educación sexual? Parte 2

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Siguiendo con el tema sobre, cómo hablar con los hijos sobre la educación sexual, parte 2; la primera la puedes leer aquí. Consideramos este tema sumamente importante para la vida de nuestros hijos y que muchas veces nos descuidamos o damos por sentado que el »cole» se hará cargo de ello. Lo cierto es que como padres debemos ser pioneros en hablar sobre estos temas.

¿Cómo hablar con los hijos sobre la educación sexual? Parte 2

Como hemos dicho anteriormente, con frecuencia al hablad de la educación sexual nos concentramos en la invitación a »cuidarse» procurando un »sexo seguro» para evitar futuras enfermedades de transmisión sexual y hasta un embarazo. Sin darnos cuenta le damos a entender a nuestros hijos una actitud negativa hacia la finalidad de procrear y el matrimonio.

En este sentido es importante no engañar a nuestros hijos llevándoles a confundir los planos de la atracción que crea por un momento la ilusión de la »unión», pero sin amor, tal unión deja a los desconocidos tan separados como antes. Una sana educación les permitirá comprender que esta entrega tiene que ser de verdad y no una mera atracción.

Cuando les hablamos de educación sexual debemos incluir el respeto y la valoración de la diferencia que muestra a cada uno la posibilidad de superar el encierro en los propios límites para abrirse a la aceptación del otro. Más allá de las complejidades con las que uno vive sobre el propio cuerpo, debemos aceptarlo y amarlo.

La valoración del cuerpo en su femineidad o masculinidad es necesaria para reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente. De este modo es posible aceptar gozosamente esto, solo perdiéndole el miedo a la diferencia, uno puede terminar de liberarse del embeleso por sí mismo.

La educación sexual debe ayudar a aceptar el propio cuerpo, de manera que la persona no pretenda, cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma. Tampoco se puede ignorar que en la configuración del propio modo de ser, femenino o masculino, no confluyen solo factores biológicos o genéticos, sino múltiples elementos que tienen que ver con el temperamento, la historia familiar, la cultura, las experiencias vividas, la formación recibida, las influencias de amigos, familiares y personas admiradas u otras circunstancias concretas que exigen un esfuerzo de adaptación.

No podemos separar lo que es masculino y femenino porque existen elementos biológicos y formas de ser imposibles de ignorar. Aunque es verdad que estos caracteres no son rígido sino que pueden adaptarse a las situaciones. Por ejemplo, de ser masculino el esposo puede adaptarse flexiblemente a los horarios de la esposa. Así como asumir tareas domésticas o algunos aspectos de la crianza de los hijos, no le vuelven menos masculino ni significan un fracaso o algo de que avergonzarse.

Hay que ayudar a los hijos con normalidad a aceptar estos, sanos intercambios, que no quitan dignidad alguna a la figura paterna. La rigidez se convierte en una sobreactuación de lo masculino o femenino, y no educa a los niños y jóvenes para la reciprocidad encarnada en las condiciones reales del matrimonio.

Esa rigidez, a su vez, puede impedir el desarrollo de las capacidades de cada uno, hasta el punto de llevar a considerar como poco masculino dedicarse al arte o a la danza y poco femenino desarrollar alguna tarea de conducción. Estos temas han cambiado en algunos lugares, aunque ciertas concepciones inadecuadas siguen condicionando la legítima libertad y mutilando el auténtico desarrollo de la identidad concreta de los hijos o de sus potencialidades.

Si quieres seguir profundizando sobre este tema te compartimos este enlace

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San José

Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre.
Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.
Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal. Amén.
Salve, custodio del Redentor y esposo de la Virgen María.A ti Dios confió a su Hijo, en ti María depositó su confianza, contigo Cristo se forjó como hombre. Oh, bienaventurado José, muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida.Concédenos gracia, misericordia y valentía, y defiéndenos de todo mal.
Amén.
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